Cómo disfrutar de mis clases

Cuando el maestro disfruta de su tarea, se despierta el interés del alumno, recuerda Laura Duschatzky en un libro sobre la enseñanza.

El papel adjudicado a la empatía entre maestro y alumno es primordial .

Primordial porque no se trata de un mero complemento en la comunicación entre ellos. Prescindir de la empatía equivale a comprometer la consistencia del vínculo pedagógico. A juicio de Duschatzky, no hay transmisión sino donde tiene lugar un diálogo personal.

El valor del diálogo
Concibiéndolo como un encuentro que constituye como docente y alumno respectivamente a quienes lo llevan a cabo, Duschatzky reconoce al diálogo un valor decisivo en la constitución del auténtico saber, igualmente distanciado de la mera información como de la captación puramente racional del conocimiento.

Una y otra vez lo afirma la autora: disfrutar de lo que se hace es la condición primera para que impere el interés por lo que se enseña. Sin entusiasmo en quien comunica, no habrá margen para que irrumpa el entusiasmo en el receptor. Ateniéndonos a las palabras de Duschatzky: “La enseñanza es una actividad que se constituye como práctica; una extensión de lo que ponemos en juego viviendo: emociones, fragilidades y potencialidades que, administradas por la fe en la comunicación de un contenido, generan interlocución entre el maestro y su aprendiz”.

Duschatzky alienta a devolver protagonismo, en la educación, a la subjetividad, al entenderla como productora de valores capaces de infundir sentido solidario a nuestra existencia, es decir, capacidad de diálogo, de introspección y búsqueda de consensos.

Fuente: Santiago Kovadloff, La Nación